Nacionales
Honduras conmemora el Día del árbol nacional
Cada 30 de mayo se conmemora el día del Árbol, con el objetivo de resaltar la protección y preservación del medio ambiente. Está celebración brinda la oportunidad de reflexionar y concientizar a los niños y jóvenes.
El Día del Árbol en Honduras, se reconoció cuando el gobierno adoptó el pino como árbol nacional en el año de 1926, gobierno del expresidente Miguel Paz Barahona, quien, mediante el acuerdo No. 429 del 14 de mayo de 1928, declaró al pino como el árbol nacional de Honduras.
En ese sentido el Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal (ICF), es la institución líder a nivel nacional en la gestión de los bosques de Honduras, que contribuye al desarrollo socioeconómico del país, a la reducción de la vulnerabilidad ambiental ante el cambio climático, a promover la participación de las comunidades rurales en el manejo y conservación del bosque y a la provisión de medios de vida para la población hondureña.
Además, es la institución responsable de la administración y manejo de los recursos forestales, las áreas protegidas y la vida silvestre, mediante la aplicación de instrumentos normativos y reguladores para su protección, restauración, aprovechamiento, fomento y conservación, en beneficio de la población hondureña.
En Honduras, se identifican aproximadamente 226 especies de árboles, la diversidad arbórea en el país es amplia, con diferentes tipos de bosques como el húmedo, el nubloso, el seco, el manglar y el pinar, gracias a la abundancia del mismo todos los adoptó el pino como árbol nacional dese 1926 , el poeta y escritor por Luis Andrés Zúñiga creo la letra del Himno al Pino y Rafael Coello Ramos su música que es cantado cada 30 Mayo en todos los centros educativos del país e instituciones del ambiente, a la vez se realizan masivas campañas de reforestación en todo el país.
Himno al Pino
Coro
Viva el Pino por siempre en la tierra Que benigna la vida nos dió,
Y por siempre se muestra imponente A los besos radiantes del sol.
Viva el pino color de esmeralda Con su suave y melifluo rumor,
Que después de arrullar nuestra cuna Con amor nuestra infancia arrulló.
Solo
Es bendita la sombra insegura Que en las ásperas sendas regó, Y es bendito su tronco que abrigo Compasivo brindó al viajador.
Su madera olorosa es bendita Como el suelo que diole calor Pues palacios y chozas y templos con sus fibras el hombre formó.
Solo
Nuestra tierra su vida y la nuestra paralela y aún tiempo creó,
Nuestro hogar su existencia recuerda Y los campos nos llena de olor.
Su madera la estufa alimenta Crepitándo en un trémulo son,
Y entre tablas de pino es que llevan Nuestro cuerpo ya muerto al panteón.
